24.2.10

El nuevo terrorismo: único terrorismo

El terrorismo es el acto que está dirigido a causar temor, un temor en función de quien ejerce la acción misma. Cuando un periodista preguntó al coordinador para contraterrorismo de la Casa Blanca, Michael Sheehan, por qué los paramilitares colombianos no figuraban en la lista de agrupaciones terroristas; éste explicó: “[…] los paramilitares no escapan al ojo vigilante de Washington, pero que el Departamento no puede apresurarse a sacara conclusiones. Los terroristas son identificados como tales en el informe sólo después de una investigación escrupulosa: ‘Es un proceso legal y ha sido muy meticuloso […] ‘si comprobamos que hay fundamentos para incluirlos en nuestra definición legal se les designará’ como terroristas.”[1]

¿Quién decide qué es terrorismo? Nosotros, la gente común y corriente o los funcionarios de la Casa Blanca, o de Los Pinos, enfundados ellos en un manto de purismo y falso humanismo. Como lo dice en la anterior declaración Sheehan, después de una meticulosa investigación sabrán decir quién es terrorista y quién no.

Es parecido al monopolio de la violencia que detenta el Estado ésta es otra clase de concesión particular. El terrorismo es un concepto usado por muchos gobiernos y gobernantes en la actualidad, éste les sirve para denominar actos que van desde: la destrucción de edificios significativos, el asesinato de gente, el ataque a puntos clave de las estructuras gubernamentales, hasta actos que en apariencia carecen de sentido como el lanzamiento de granadas a civiles durante un acto público.

El terrorismo se convierte en uno de los temas prioritarios de los gobiernos, que, dependiendo de un contexto político dado asume muchas connotaciones: “Así, cargado de connotaciones negativas o peyorativas, aplicado de manera discrecional y maniquea, terrorismo ha devenido en un término meramente propagandístico para descalificar a un enemigo o adversario político-ideológico, más que para definir una situación objetiva. Es decir, se le ha dado un uso político y propagandístico determinado.”[2]

Entonces cuando nuestro queridísimo presidente, Felipe para los cuates, habla de narcoterrorismo no refiere necesariamente a procedimientos de implantación del terror sino a un slogan político, que nos remite necesariamente a todos los discursos que se emiten desde las secretarías y oficinas del gobierno federal.

La creación de ciertas terminologías y definiciones trastocadas en el contexto de las políticas de seguridad nacionales permiten una libertad de acción por parte de los gobiernos. Habría que recordar la gigantesca campaña que lanzó el gobierno de los Estados Unidos para invadir Iraq y Afganistán, con base en un suceso: la caída de las torres gemelas. La estrategia mediática que las oficinas de la Casa Blanca lanzaron a todo el mundo tuvo como propósito legitimar las acciones verdaderamente terroristas que ése gobierno realizó, en contra de los países anteriormente nombrados y de su ciudadanía.

El concepto entonces se destruye y reconstruye, se modifica y adapta a las necesidades de quien lo use. La incapacidad de clarificación en el término cumple una función legitimadora, ya que se le puede achacar el término a un espectro gigantesco de acciones que atenten contra los intereses de grupos instaurados en el poder que parten de una sola idea: “el terrorismo no es el arma de los débiles, ‘es el arma de los que están contra nosotros’. “[3]

El nuevo e increíblemente plástico término se puede rastrear continentalmente a la implantación del modelo neoliberal en América Latina, ya que se crearon una serie de tácticas que buscaban afirmar y reproducir el nuevo modelo en las jóvenes naciones americanas. Las prácticas a las que se recurrió para completar el experimento resultaron simplemente devastadoras y por completo destructivas, la introducción del hijo bastardo del capitalismo se hizo con base en la sangre de los pueblos del continente.

Al enfocarnos en América Latina, encontraremos que el primer país donde se aplicó el neoliberalismo es Chile, con la dictadura de Augusto Pinochet.”El Chile de Pinochet comenzó sus programas de manera dura: desregulación (sic), desempleo masivo, represión sindical, redistribución de la renta a favor de los ricos, privatización de los bienes públicos.”[4] La destrucción de la democracia chilena, habrá que recordar a Salvador Allende, y la instalación de una de las dictaduras más crueles de Latinoamérica y el mundo. “Pero la democracia en sí misma […] jamás ha sido un valor central del neoliberalismo. La libertad y la democracia fácilmente podrían tornarse incompatibles […] si la mayoría democrática decidiese intervenir en los derechos incondicionales de cada agente económico de disponer de sus rentas y sus propiedades como quisiese.”[5]

Y así fue, la democracia chilena fue la primera víctima, pero no la última, a lo largo de la década de los setentas otras naciones serían objeto de una gran estrategia de control por parte de los Estados Unidos de América, el modelo del terror sería implantado en Latinoamérica y este no entró dentro de los conceptos de terrorismo.

Todos los enemigos de los estadounidenses han sufrido y siguen sufriendo los abusos del mismo escudados en campañas libertadoras y transportadoras de la verdadera democracia, una democracia falsa a diferencia de las guerras y de las políticas, bastante reales, que han implantado en países como Iraq, Afganistán, Colombia, Las ex repúblicas Yugoslavas, Centroamérica y últimamente México. Las excusas van desde la posesión de armas con capacidad de destrucción masiva, hasta los Estados fallidos y la guerra contra el narcotráfico y las narcoguerrillas, englobado todo de cierta forma en el tema del terrorismo.

El terrorismo está aquí, sentado junto a nosotros, viviendo bajo nuestro techo, comiendo del pueblo, es un cáncer que debe ser exterminado lo antes posible. No importa la forma que tenga, puede ser como en el caso de México y Colombia: el narcotráfico y las guerrillas o en oriente medio los suicidas y extremistas islámicos. Los Estados tienden a ejercer un mayor control sobre sus ciudadanos, tienden a crear terror en ellos, a cultivarlos en miedo y ansiedad, finalmente se dan los estados de excepción.

“Ante la amenaza terrorista se requiere la militarización territorial –presencia policial y de la fuerza pública en todo el país- la práctica judicial- independiente de ser arbitraria- para contener el camuflaje en la población, la conformación de redes de cooperantes e informante – seguridad especializada de control de movimientos-, la creación de soldados campesinos e indígenas y afrodescendientes- seguridad sectorial- la reingeniería militar en comandos unificados […]”[6]

Es así como conocemos en este continente al terrorismo, propio de los gobiernos, de los Estados, sean nuestros o aquel que mira desde un cuartel pentagonal, ya no importa porque la semilla se ha implantado y cultivado. Ahora nos queda chico el concepto principal de este ensayo, ya que no es posible explicar por completo y en tan poco espacio como el terrorismo en cualquier medida y forma, es en realidad un invento para el control y que el único terrorismo real es el del Estado.

Bibliografía

1) Chomsky, Noam. Estados Canallas. Editorial Paidós. España 2001. pp. 285

2) Carrillo, Vladimir y Kucharz, Tom. Colombia: Terrorismo de Estado, Testimonios de la guerra sucia contra los movimientos populares. Barcelona: Icaria, depósito legal 2006. pp.486.

3) Anderson, Perry, ¿Ha fracasado el neoliberalismo? Una breve historia. Editoral El Cielo. Buenos Aires, 1996.

4) Fazio, Carlos. A propósito del terrorismo, la propaganda y el imperialismo. En: http://clasefazio.wordpress.com/2010/02/23/a-proposito-del-terrorismo-la-propaganda-y-el-poder-imperial/ 22/02/10



[1] Chomsky, Noam,. Estados Canallas: El imperio de la fuerza en los asuntos mundiales. Pág. 87.

[2] Fazio, Carlos. A propósito del terrorismo, la propaganda y el imperialismo. Pág.2

[3] Fazio, Carlos. Op. Cit. Pág. 7

[4] Anderson, Perry. ¿Ha fracasdo el neoliberalismo? Una breve Historia. Pág.14.

[5] Idem.

[6] Carrillo, Vladimir y Kucharz, Tom. Colombia: Terrorismo de Estado, Testimonios de la guerra sucia contra los movimientos populares. Pág.56.

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